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lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Hasta luego!


El Barcelona sentenció el partido más esperado del año con un incontestable 4-1 y, de paso, también la Liga, si es que no lo estuvo de antemano, con el Real Madrid en estado crítico, incapaz de solventar  partidos que en condiciones normales acabarían con un saco de goles en la portería rival y sin despeinarse. 
Los más optimistas, no obstante, pensábamos que el Atlético era la alternativa a los blancos en la pelea por el título liguero pero, vista la superioridad que demostraron los blaugranas en el Camp Nou y los nueve puntos que nos aventajan, la Liga parece más que perdida. 

El Atlético salió al campo con una actitud admirable. Cedió la pelota al Barcelona, hecho que el más versado consideraría un suicidio. Pero los rojiblancos no perdieron en ningún momento la compostura ni la paciencia por no tener el balón. Las incursiones de Iniesta, Messi y Pedro eran sofocadas con serenidad y sangre fría por los jugadores atléticos, que no dejaban espacios al endiablado juego de los culés. De hecho, las pocas pérdidas de balón del Barcelona se convertían en contragolpes letales de los rojiblancos. Puyol y Piqué veían desconcertados como, un aparente inofensivo rival, agazapado en su campo, era capaz de hacer peligrar su dominio y de poner el marcador en contra. Dos pases rápidos, balón a Falcao y ocasión de gol. Un palo, un mano a mano con Víctor Valdes que se fue fuera y la tercera un gol para quitarse el sombrero, el pantalón y los calzoncillos si hace falta.

Por momentos parecía factible que el Atlético diera la campanada y ponerse a tres puntos. Con semejante hazaña hubieran sido pocos los que no lo considerarían un candidato al título. Pero una genialidad de Adriano puso los puntos sobre las íes y lo que parecía un rival seguro y peligroso se convirtió en el enésimo equipo al que el Barça ningunea. Así llegó el segundo gol, obra de Busquets, que derrumbó definitivamente el plan de ataque de Simeone. Con el resultado de cara para los de Vilanova el Atlético fue otro equipo distinto. También el Barcelona. Cómo no apareció Messi con los dos goles de rigor, finiquitando la segunda parte, el partido y las esperanzas de los que creíamos en una Liga distinta de las de los últimos diez años. El Real Madrid queda muy lejos, trece puntos, y el Atlético no es rival para el Barsa. Por ello el mensaje de Simeone es coherente y realista. Ir partido a partido en la Liga, como hasta ahora. Y no obsesionarse con quimeras.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los Mágicos Magiares



El equipo de oro, los magiares poderosos o los magníficos magiares llegaban a la final del Mundial de 1954 como la gran favorita. Se enfrentaban a Alemania, a la que ya habían ganado en la fase previa por 8-3. Todo apuntaba a que el equipo dirigido por Gusztav Sebes daría el titulo a Hungría. Sin embargo, los alemanes darían la vuelta al 2-0 inicial en el marcador y ganarían el partido. La final fue catalogada como el milagro de Berna.
Nadie esperaba tal derrota. Hungría venía de ser el epicentro futbolístico del mundo. Treinta y dos victorias consecutivas, veinticinco goles en ese Mundial y ejecutor de la eliminación de Brasil y Uruguay, en cuartos y semifinales, respectivamente. Un equipo que falló el único día donde el fallo no estaba permitido.

 

El oro de Helsisnki

Aquella selección, cuatro años atrás, renunció a asistir al Mundial de 1950 en Brasil, al igual que muchos otros combinados europeos. El equipo magiar tuvo que esperar hasta Helsinki 1952, en los Juegos Olímpicos, para decir al mundo que eran los mejores con el balón en los pies.
En la competición barrieron a sus rivales. En la final, ante la difícil Yugoslavia, dos goles de Ferenc Puskas y uno de Zoltán Czibor dieron el primer trofeo internacional a una selección que estaba destinada a pasar a la historia.

 

El juego bajo la impronta socialista

Una de las características de aquel combinado según Gyula Grosics, portero de aquel equipo, era que su juego se basaba en el compromiso solidario entre jugadores excepcionales. "Nuestro entrenador, Sebes, estaba muy comprometido con la ideología socialista, y eso se podía palpar en todo lo que decía. De cada partido o competición importante hacía una cuestión política", declaró el portero más de una vez. Una idea plasmada en el campo que mantuvo a Hungría en la hegemonía del fútbol durante más de cuatro años. Y es que el propio Sebes bautizó a aquel fútbol como un "fútbol socialista".

Entre la consecución del Oro Olímpico y el Mundial de 1954, Hungría fue una máquina de marcar goles. Nadie practicaba un juego tan ofensivo como ellos. Puskas era la estrella del equipo, acompañado de otros estiletes de verdadero lujo. Czibor como el delantero menudo y habilidoso, Sandor Kocsis como formidable rematador de cabeza, Nandor Hidegkuti como goleador silencioso, Jozsef Bozsik como timonel del centro del campo y Grosics como el guardameta más seguro del momento.
A todo este genial elenco de jugadores, hay que sumar la breve aportación de otro artista del balón, Ladislao Kubala, que solo llegó a jugar seis partidos con Hungría al decidir jugar como internacional con Checoslovaquia, y posteriormente, con España.

 

Los verdugos más elegantes de Inglaterra

Los magiares se paseaban por Europa como amos y señores del deporte rey, demostrándolo con creces cuando se enfrentaron a Inglaterra en Wembley. Los ingleses no habían perdido nunca en casa frente a un equipo no británico. Los húngaros sentaron el precedente. Con un despliegue ofensivo magnifico, los Puskas y compañía barrieron a la Inglaterra capitaneada por Billy Wright por 3-6 en 1953. Los húngaros, firmaron así, uno de los acontecimientos más importantes del fútbol inglés.
Después de ese partido, todo estaba dispuesto para ganar el Mundial, pero cosas del fútbol, Hungría se quedó sin trono mundial. Pero a pesar de la enorme decepción, los húngaros se conjuraron para intentarlo en 1958. El equipo tenía aún mucho recorrido para poder alzarse con la victoria en el Mundial de Suecia.

 

Una leyenda silenciada

La gran parte de los componentes de aquella selección provenían del Budapest Honved, equipo dominador de las competiciones domesticas del país. Entre 1950 y 1956, consiguieron cinco títulos de liga. El Honved, a finales de octubre de 1956 se desplazaba a Bilbao para jugar contra el Athletic en la recién creada Copa de Europa. En es mismo momento, estallaba la Revolución Húngara en contra de la ocupación soviética. El sueño de los magníficos magiares finalizaría en ese instante de la historia, y el Mundial de 1958 acabó siendo una quimera.

Muchos jugadores decidieron no volver a su país y se quedaron en España, como Puskas, que fichó por el Real Madrid, o Kocsis y Czibor por el Barcelona, este último previo paso por la Roma. De esta manera, se desintegraba uno de los grandes equipos de todos los tiempos, que desarrolló uno de los juegos más vistosos que se recuerdan.
Su final, inducido por cuestiones políticas, contribuyó a que la aportación al fútbol, y a Hungría, de esta formidable generación, quedara silenciada durante muchos años tras el telón de acero.

martes, 27 de noviembre de 2012

Un golpe sobre la mesa


La victoria sobre el Sevilla en el Calderón no ha hecho más que confirmar que la trayectoria del equipo invita a pensar que pueden luchar por estar arriba toda la temporada. Si mantienen esa seguridad frente a equipos de menor entidad y dan la cara, como el domingo, contra los grandes, es factible pelear la Liga al Barcelona. Si éstos bajaran ese ritmo endiablado, claro. Sino, es imposible. 

El conjunto rojiblanco salió desde el primer minuto a por el partido. Bien es cierto que en el tramo inicial no tuvo la posesión y se vio un partido a cara de perro, en el que Navas podía hacer mucho daño a Filipe Luis y a Silvio no se le veía del todo cómodo debido a la falta de minutos. El resultado estuvo claramente condicionado por la expulsión de Fazio en el minuto 20 de la primera parte, que permitió abrir a Falcao el marcador. Anteriormente, como decimos, el Atlético no tenía la posesión, ni siquiera se veía peligroso a la contra, a pesar de que la defensa palangana era un flan, sobretodo un irreconocible Spahic, protagonista en todas las jugadas de peligro en su área. De hecho, el segundo gol rojiblanco lo marcó él en propia meta tras rechazar un centro de Arda Turan.

Mientras para el Atlético se ponía todo de cara, el planteamiento inicial de Míchel, que prometía un partido muy igualado, se vino abajo por la expulsión y el castigo que suponía el segundo gol. Así, los de Simeone no tuvieron problemas en llevar la manija del partido, cerrando la primera parte con un gol de bella factura firmado por Koke. 3-0.

La segunda parte llevó una dirección distinta a lo que se había visto de partido en el Calderón. El Sevilla apenas puedo acercarse a la meta de Courtois, un disparo lejano de Diawará, y el Atlético, seguro de sí mismo y en superioridad numérica, supo leer en todo momento cada acción, y no ofreció concesiones en un partido que estaba ya finiquitado, pero en el que Miranda quiso poner la guinda con un gol en el minuto 92. 

Con este resultado el Atlético sigue la estela inmaculada de los de Tito Vilanova y, además, aumenta la ventaja con su perseguidor, el Real Madrid, que lo deja a ocho puntos a la espera de lo que suceda en el derby del próximo fin de semana. En caso de darse la tan improbable victoria colchonera en el Bernabéu, dejaría muy tocados a los de Mou, a 11 puntos del Atlético, seguramente a 14 del Barcelona. Un verdadero fracaso para la parroquia de Concha Espina.